EL FUTURO EN UNAS CINTAS VHS

Recuerdo exactamente dónde, cómo y cuándo colocó mi padre en el salón el reproductor de cintas de vídeo VHS. Junto al voluminoso televisor de tubo, tras una lucha titánica con las conexiones y los cables, durante las navidades del año 1988.

También recuerdo nítidamente la sensación de que el futuro estaba entrando en casa, casi como si se tratara de tecnología espacial. Visto desde la actualidad resulta muy ingenuo (y divertido) pensar en las cintas de VHS, en cualquier sistema de vídeo analógico en general, como algo futurista. Pero la verdad es que esos sistemas de reproducción de vídeo  doméstico revolucionaron el mercado de la imagen, del cine incluso… se abrieron miles de videos clubs para alquilar películas, frente al consumo por televisión o en las salas de cine convencionales. Además, sobre todo, su precio asequible permitió a muchísimas familias ver (y grabar con cámaras pequeñas) muchas más películas, a libre elección. Como suele decirse, acercó el vídeo profesional al ámbito doméstico; lo democratizó, al hacerlo más accesible y sencillo para la gran mayoría de la gente.

Escribo sobre todo esto no (sólo) por nostalgia, si no porque hoy he tenido que rescatar ese viejo reproductor del trastero de mi madre para ver diez históricas cintas de vhs que nos han enviado desde la Fundación Alas. Debo verlas para valorar su contenido, de cara a incluirlas dentro del documental, como material de archivo.

Porque ya hemos grabado las entrevistas. Ocho encuentros muy especiales con catorce personas excepcionales. Después de más de tres meses  de investigación y documentación, de buscar historias e imágenes por todo la Comunidad de Madrid, ahora toca centrarnos en esas imágenes finales en vídeo (junto con las de archivo). Ordenar de nuevo las ideas, para saber lo que podemos contar de estos 40 años de Plena Inclusión Madrid a partir de ahí.

La verdad es que hemos conocido la vida, el día a día, de muchas personas anónimas maravillosas que pertenecen al variado e inabarcable movimiento asociativo de Plena inclusión Madrid. Por eso hemos tenido que limitar nuestra deseo de abarcarlo todo a una pequeña muestra vital, representativa en esencia.

Gracias infinitas a todas esas personas y/o entidades, así como a Plena Inclusión Madrid. Esta nueva fase continua siendo un viaje lleno de descubrimientos y emociones. Del presente hacia atrás y de allá, un salto al futuro.

 

Una gran familia para las familias

Un café-tertulia. Tras acercarme a un mercadillo solidario que hicieron en la Fundación Alas, después de visitar el Centro Especial de Empleo Trefemo (también de la misma entidad), al final de la semana pasada me acerqué hasta una de las viviendas de esta misma fundación que (literalmente), me abrió sus puertas.

En el aviso de la cita, sólo me habían contado que un grupo de mujeres y hombres, familiares todos de una persona con discapacidad intelectual, se reúnen una vez a la semana; desde hace seis años, en uno de los pisos de la residencia que ofrece dicha entidad.

Fue el jueves a una hora, las 15;30, de un día especialmente caluroso. Elisabeth, enfermera de la residencia, me recibió en la puerta exterior y me acompaño hasta la vivienda donde sería el encuentro. Fui mirando a mi alrededor: seis viviendas independientes rodeadas de zonas ajardinadas. Después vi que tenían terraza e incluso piscina.

Cuando entré en el salón-comedor de la vivienda, ya había un circulo de unas seis personas sentadas entorno a dos mesas colocadas formando medio círculo. Todos miraban hacia la pared, a la expectativa, abanicándose con lo que tenían a mano. Un proyector desde el que yo debía explicarles la campaña, iluminaba la pared que tenían enfrente y ellos esperaban para ver lo que les iba a contar. Noelia es la trabajadora social que coordina los encuentros y con quien yo había quedado. Junto a Amelia, la psicóloga del mismo equipo, me recibieron y presentaron. Verónica, Josefina, Mari y José Luis, Aurora y José, Elena, Ana María y Teresa, muchas gracias por recibirme y compartir vuestra tertulia.

El objetivo principal de la Residencia es el de ofrecer una alternativa de hogar en un ambiente lo más familiar posible, por lo que está organizada estructural y funcionalmente en seis viviendas (pisos) independientes. En cada uno se ocupan de proporcionar los medios humanos, sociales y físicos necesarios para dar respuesta a las necesidades de cada persona. Cuidan la intimidad y la individualidad al tiempo que la convivencia y las relaciones personales, al tiempo que cada persona se desarrolla a través de las actividades cotidianas, aumenta su autonomía y participación, además de aprovechar su tiempo libre.

El objetivo del café-tertulia es simplemente tomar café, algún dulce que lo acompañe pero, sobre todo, hablar. Poner (también) en común sus vidas.

 

Moldes, cunas y resistencias

Ayer me acerqué a visitar un Centro Especial de Empleo: TREFEMO, de la Fundación Alas. Como en otras ocasiones en las que acudo a un encuentro, en alguna entidad de la amplia red de Plena Inclusión Madrid, nunca antes había ido a uno. Ni siquiera conocía su existencia, así que continúo descubriendo un (increíble) universo paralelo que lleva años en continua expansión.

Trefemo CEE, nace por inactiva de Fundación AFANIAS Moratalaz (actualmente Fundación Alas Madrid) en el año 1993.  Actualmente, cuenta con una plantilla en la que más del 89% son trabajadores con discapacidad y de estos la mayoría son personas con discapacidad intelectual (grupo con mayores dificultades de inserción).

Manipulados, blisters de aluminio, termo-sellados de cartón, por alta frecuencia, moldeo por alto vacío, estuches, retractilados de diferentes productos, fajas termo retráctiles sleever, cajas y estuches. Moldes, “cunas” y resistencias (eléctricas)… todo un universo con su propio vocabulario y sentido último: a través de la fabricación de todos estos envases, estuches, embalajes termo-conformados y su manipulación, dan y gestionan oportunidades de empleo a personas con discapacidad intelectual, contribuyendo así al desarrollo de sus capacidades e intereses, mejorando su calidad de vida y acompañándoles en su proyecto de vida. 

Asunción (directora del Centro) me recibió y me lo explicó todo con suma paciencia y amabilidad. A ella, sin embargo, confieso que si la conocía de antes: me la presentaron en un mercadillo de la Fundación Alas hace unas semanas. Entonces ya me aclaró el origen inicial de esta iniciativa: el mismo grupo de quince o veinte chicas (provenientes todas del Colegio María Corredentora, que junto a sus familias, en el año 1978, crearon lo que hoy es la Fundación Alas), fueron las que pidieron trabajar. “Muchas de las familias y los profesionales no lo veíamos claro e incluso hubo oposición”. Pero, como me aclara Asunción, fue un paso lógico y natural en su independencia, en su desarrollo personal.

Fuera de moldes, cunas y resistencias… tan humanas.

 

La imagen final de una metáfora

Estaba deseando subir estas fotos al blog: ahora mismo me han pasado, desde el EAD de San Blas-Canillejas (¡gracias Verónica!), un par de imágenes de cómo quedó el jardín vertical que estaban montando en el CEIP República de Chile.

Aunque en el título ponga “la imagen final”, en realidad, debería ser la “imagen del principio”. Porque después de su montaje, el jardín ahora tiene que crecer, mantenerse… pero la actividad, la colaboración, la primera parte del trabajo y el símbolo que constituye el jardín, están hechos.

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“Las cosas son como son…”

Cuando cruzas la puerta de casa nunca sabes lo que ese día te va a ofrecer por sorpresa. Por mucho que parezca que vas a estar inmerso en la rutina, siempre se produce algún destello inesperado. A veces de manera más evidente (o incluso chocante); otras, de una forma más sutil o inadvertida. Además, resulte como resulte el balance del día, tampoco podremos cambiarlo: como mucho, recordar lo vivido y ver qué podemos cambiar, para hacerlo y sentirnos mejor a la siguiente jornada.

Lo que sí tengo muy claro es que, cuando salgo a una nueva visita que me proponen desde Plena Inclusión Madrid, tampoco sé lo qué me voy a encontrar… y que siempre volveré conmovido. Antes de ir, trato de informarme todo lo que puedo: tanto sobre la entidad a la que me acerco y la actividad concreta que me proponen, como sobre las personas que me recibirán. Aunque luego pregunte -de nuevo- esa misma información para re-ajustarla, es un paso necesario y lógico. También por respeto. De todas formas, cualquier trabajo previo de documentación siempre resultará insuficiente frente a la realidad posterior. Todos los encuentros personales desbordan incluso los pequeños (o grandes) pre-juicios con los que uno puede ir.

Por eso quiero confesar algo: fui al taller de risoterapia que, muy amablemente, me propusieron desde AMIFP (¡mil gracias a Dunia y José María!) con ciertas reservas. Siempre había asociado los talleres de risoterapia -pese a mi filización vital al humor- como algo forzado a la naturalidad. ¿Cómo puede uno reírse de manera “convocada”? ¿Quién se ríe en grupo sin la imprescindible confianza, la relajación e intimidad de conocer a las demás personas y así poder expresarse espontáneamente en común? Quizás me chocaba porque entendía el humor, la risa, la alegría como algo íntimo que sólo se produce de manera espontánea si estás en confianza con los que te rodean en el momento. Pero según iba planteándome todas estas preguntas me iba dando cuenta de que la verdadera respuesta no dependía de lo que yo creyera a priori (por suerte), sino de las circunstancias concretas del taller y, sobre todo, de las personas que acudieran a él.

Así que fui con la expectativa de superar mis injustificables reservas y dejar sorprenderme. ¡Vaya si lo hicieron!. Dora, Rafael, Pilar, Irene, Lucía, María, Celia, Rocío, Elena, Beatriz, Mariola, Pepa…. espero no dejarme a nadie: sólo puedo decir que salí de vuestro taller (con ocho años de recorrido ya, junto a la Asociación donantes de risas) con agujetas en la cara.  Durante todo el tiempo que duro el taller tuve una sonrisa sincera e incontenible, contagiada por el ambiente de alegría, humor, des-prejuicio y familiaridad que compartisteis conmigo. Un millón de gracias también.

Ahora lo sé (“un pequeño paso para la Humanidad, pero un gran paso para un hombre”), con la risa sucede como con las demás facetas humanas: lo fundamental es “vivenciarlas” sin prejuicios. De verdad, el taller fue un rato muy liberador, como un balón de oxígeno. Ya me lo aclaró Rocío después: “para mí es dejarlo todo fuera. Una vez que se cierra la puerta y me quito los zapatos para empezar, me olvido de lo que dejo fuera. Aquí soy otra persona distinta durante un par de horas”.  Por mi parte, lo confieso también: aunque no me quite los zapatos (quizás por mantenerme en mi papel de observador o como secuela de ese prejuicio confesado), sí me puse en los suyos y en los de todos los demás.

Lo apuntaba al principio, todas las personas que me encuentro en estas salidas, con sus (siempre) difíciles historias personales, transmiten esa otra constante que he ido detectando en esta Campaña: cada historia puede resultar un espejo, incluido -claro-para mí mismo. Nos ofrece la posibilidad de superar la individualidad para compartir y aprender de/con las experiencias de los demás, inmersos en una verdadera igualdad.

No podremos cambiar la realidad (ni mucho menos de golpe, como sería necesario en muchos ámbitos), pero podemos cambiar la forma de verla y afrontarla, en nosotros y en los demás. Paso a paso, o risa a risa.

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Una metáfora verde

En una de las salidas de la semana pasada me acerqué a ver uno de los trabajos del EAD de Fuencarral. Habían instalado un jardín vertical y publiqué unas fotos del mismo, pero no expliqué en qué consiste este tipo de jardín.

Muy básicamente se podría decir que es un muro o una pared llena de plantas. Su funcionamiento también puede parecer sencillo, aunque requiere de bastante trabajo para su instalación: sobre una superficie vertical se colocan unos rieles metálicos a modo de estructura, según el diseño elegido previamente.  Colocados a modo de damero, es en estos módulos donde van las plantas. Como se puede ver en las fotos, una vez que se tienen los agujeros de cada módulo completamente llenos de tierra y con las plantas en ellos,  se sella una de las caras con una tela especial de fieltro, para fijar los módulos atornillándolos a la estructura de rieles. Una vez fue montada toda la plantación del jardín, instalaron un buen sistema de riego por goteo para que el muro vegetal se mantenga siempre húmedo.

Ayer lo vi también en el CEIP República de Chile, pero esta vez montado por el EAD de San Blas-Canillejas: Verónica, Jaime, Aida, Inés y Patricia. Luis Miguel, Marta, Vanesa, Agustín, Sonia, Daniel, Raquel, Daniel y Pilar. Chicos y chicas con discapacidad, junto a unos profesionales que les apoyan haciendo todo tipo de trabajos (en este caso, jardinería). Un equipo en el que desarrollan todas sus capacidades para la plena inclusión: acompañados pero, sobre todo, inmersos en la realidad laboral (y social) de un barrio, su propio barrio. Durante dos días tenían previsto instalar el jardín vertical en el CEIP República de Chile, con la ayuda de más de una veintena de chicos y chicas  de 9 a 11 años (cuarto y quinto de primaria). Al final de mi visita aún estaban terminándolo, pero me volveré a pasar dentro de unos días para verlo y hacer más fotos del resultado.

Ficus Cumilla, plantas trepadoras, lavanda, uñas de gato, hosta, ajo silvestre (con una vistosa flor morada), hiedra y carex. Plantas resistentes, de tamaño pequeño para ajustarse a los huecos de los módulos, que van a contar con una buena orientación respecto al sol. Aunque tendrán que mantenerlas, recortándolas, por ejemplo, o ajustando el riego según las necesidades de agua (para que la tierra drene bien aunque la gravedad hace esa labor por sí sola, al ser vertical), el jardín será casi autosuficiente. Esa es la clave.

Al volver a casa pensé que estos jardines verticales, con sus módulos cuadrados y un damero de plantas alojadas en su interior, resultaban ser una inesperada metáfora de esta misma campaña, de su sencilla gráfica de cuadrados de colores… y creo que del (objetivo esencial del) movimiento asociativo. Una “red de plantas” resistentes que, aún necesitando atención o apoyo puntual, sean autosuficientes. Una red viva, en continua evolución y crecimiento.

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El jardín (vertical) de una isla sin mar

Después de varias salidas para buscar historias personales, hasta ahora siempre sorprendentes y conmovedoras, hoy quiero compartir -muy brevemente- la historia de un distrito de la ciudad de Madrid (Fuencarral) y, sobre todo, del grupo de trabajo de Plena Inclusión Madrid que desarrolla su labor en él, desde el pasado mes de agosto del 2017.

Fuencarral era otro pueblo de la Comunidad de Madrid, hasta que fue absorbido por el municipio de Madrid el 20 de octubre de 1951. En la actualidad, pertenece al barrio municipal de Valverde, del distrito de Fuencarral-El Pardo (el más extenso de la ciudad, aunque no el más poblado). Es conocido en Madrid como “Fuencarral pueblo”, para distinguirlo de la céntrica calle de Fuencarral. Según me comentaba una vecina del barrio, Charo Contreras, que además es la única comerciante de la galería Mercado 1 (junto a la peluquera que aún resiste frente a ella), el barrio ahora “está abandono, aislado del resto de Madrid por todas las carreras que lo rodean. Es una isla, sin mar”. Además, la población que queda allí es mayoritariamente anciana y el deterioro del entorno es bien visible, especialmente en las zonas comunes.

En este contexto (humano y urbanístico) tan concreto, se ubica un centro auto-gestionado llamado CSA Playa de Gata en el que, a su vez, se ha integrado parte de este PROYECTO del EQUIPO DE ACTUACIÓN DISTRITAL de Fuencarral. Lo interesante de este proyecto es que las personas de los equipos están interactúando con el barrio y con su gente, cambiando su percepción sobre la discapacidad y lo que ésta contribuye a la sociedad.

De hecho, este proyecto concreto recibió uno de los Premios Borbolla en el 2017. Este galardón que reconoce la labor de aquellos proyectos que representan un beneficio para el distrito de Fuencarral-El Pardo. Su nombre, como explican también en la web, “es un homenaje a un vecino que en vida demostró un alto grado de innovación y compromiso social con el barrio; entre otras acciones construyó rampas para los carros de la compra y plantó árboles junto al Colegio República del Paraguay “. Este galardón es una de las propuestas que han sido seleccionadas en la convocatorias de proyectos de Fuencarral Experimenta.

Entre las muchas y variadas actuaciones que ya ha llevado acabo este equipo de Fuencarral está el mantenimiento, así como la plantación de árboles y arbustos, en el antiguo Mercado Sabadell, el acondicionamiento y la plantación en el Centro de Mayores Justo Sierra, o la colaboración con los huertos urbanos “Huerkarral” y “El huerto de la Bego”. Han colaborado (y colaboran) con distintos centros educativos de la zona, como el Colegio Arroyo Fresno, el CEIP José Bergamín o el CEIP Blas de Lezo, en el que instalaron unos parasoles para su huerto escolar educativo, en el patio. Un proceso creativo y artístico en colaboración entre el EAD de Fuencarral y el equipo de Pedagogías Invisibles, SubMarina estudios y veinte alumnos del mencionado colegio.

También en la calle Viloria de la Rioja, participaron en la limpieza de la Pista de Skate, con dos de los colegios del distrito.

Incluso para el aniversario del CSA Playa Gata, celebraron una jornada en la que entregaron plantas ornamentales y hortícolas, además de realizar el montaje de un vistoso jardín vertical, con plantas aromáticas y frutales resistentes, junto a un riego automático para su conservación, como puede verse en las fotos.

Michael, Jaime, Adrián, Ana, Alba, Gabriela, María, Jesús, Tomás, José Carlos, Alberto, María Aranzazu, Miguel, Francisco, Daniel, Montse, Cristina, Miriam, Marta y David: muchas gracias por (dejarme ver) vuestro trabajo y compartirlo para esta campaña.

 

 

 

Nuestra primera salida al exterior

Después de pasar varias semanas documentándome para conocer la historia de Plena Inclusión Madrid, ayer pude acercarme hasta una de la asociaciones, Apanid, en Getafe. Estaba muy nervioso por ir a conocer a las personas reales que forman parte de este amplio y variado movimiento asociativo. Poco a poco, empiezo a familiarizarme con su historia a través de las distintas organizaciones que forman parte y, desde el principio, he sentido una enorme curiosidad, admiración y respeto por todas esas personas que han construido y participan en él. Sinceramente, tengo la sensación de estar descubriendo una realidad paralela con la que he convivido sin saberlo. Es una sensación  algo desconcertante, por sentirme tan ignorante, pero también muy enriquecedora por la posibilidad de crecer como persona.

 

Ana Gallardo, responsable de comunicación de Plena Inclusión Madrid, me reenvió la invitación de Miriam Vega, del servicio de Voluntariado y ocio de Apanid, para acercarme a ver la segunda muestra de teatro de su asociación en el Teatro Auditorio Federico García Lorca de Getafe. Gracias a la amabilidad y paciencia de Gema Igual, de Elena Marín, así como de Juan Agudo (padre e hijo) hablé con varios familiares de chicos y chicas que, a día de hoy, son usuarios de los distintos recursos que ofrece la asociación Apanid en Getafe, como otras organizaciones lo hacen en otros pueblos y barrios de Madrid.

 

Así he comenzado a poner rostros, vidas y nombres concretos a todos estos años de trayectoria conjunta de la organización. Estoy deseando encontrarme en los siguientes actos y encuentros con más personas que quieran compartir sus historias y experiencias vitales, durante la larga trayectoria de Plena Inclusión Madrid.

 

Gracias de corazón a los familiares que compartieron conmigo la intimidad de sus vidas en Getafe. Para mí ha sido toda una experiencia vital… ¡y no he hecho más que comenzar!

Hoy empieza esta aventura…

Justo antes de empezar un proyecto siempre hay muchas cosas que comentar y precisar para que todo marche bien. También hay mucha ilusión, nervios y expectativas.

Esta campaña de Contigo Contamos es uno de esos proyectos “regalo” que – en contadas ocasiones- te ofrece la vida, pero que conlleva mucha, mucha responsabilidad: por todo lo que mueve una organización como Plena Inclusión Madrid; por todas esas personas, familias y profesionales, con lo que vamos tratar durante meses compartiendo sus vidas. Lo haremos mediante sus imágenes pero, sobre todo, a través de los encuentros y las conversaciones que tendrán lugar en persona. La única y verdadera forma de conocer a alguien es estar a su lado, abrirte y compartir momentos.

Como dijo el fotógrafo Robert Capa, “si tus fotos no son lo suficientemente buenas es que no estabas lo suficientemente cerca”.

Hoy publicamos la web de la campaña, así que -por  fin- estamos un paso más cerca de todas esas fotos que vamos a recibir, un pasito más cerca de las personas que vamos a conocer.

 

¡Te estamos buscando!

Aún no sabemos quién eres ni dónde estás, pero queremos conocerte.

Participa en la campaña Contigo Contamos y mándanos esas imágenes que tienen un significado importante para ti: de alegría, de tristeza, de esfuerzo, de superación… esos recuerdos de todo tipo que hayas vivido durante los primeros 40 años de Plena Inclusión Madrid. Comparte tres fotos y/o vídeos a través de la web para crear entre todas y todos la memoria viva de este movimiento asociativo.

Te estamos esperando… ¡Contigo Contamos!