Una metáfora verde

En una de las salidas de la semana pasada me acerqué a ver uno de los trabajos del EAD de Fuencarral. Habían instalado un jardín vertical y publiqué unas fotos del mismo, pero no expliqué en qué consiste este tipo de jardín.

Muy básicamente se podría decir que es un muro o una pared llena de plantas. Su funcionamiento también puede parecer sencillo, aunque requiere de bastante trabajo para su instalación: sobre una superficie vertical se colocan unos rieles metálicos a modo de estructura, según el diseño elegido previamente.  Colocados a modo de damero, es en estos módulos donde van las plantas. Como se puede ver en las fotos, una vez que se tienen los agujeros de cada módulo completamente llenos de tierra y con las plantas en ellos,  se sella una de las caras con una tela especial de fieltro, para fijar los módulos atornillándolos a la estructura de rieles. Una vez fue montada toda la plantación del jardín, instalaron un buen sistema de riego por goteo para que el muro vegetal se mantenga siempre húmedo.

Ayer lo vi también en el CEIP República de Chile, pero esta vez montado por el EAD de San Blas-Canillejas: Verónica, Jaime, Aida, Inés y Patricia. Luis Miguel, Marta, Vanesa, Agustín, Sonia, Daniel, Raquel, Daniel y Pilar. Chicos y chicas con discapacidad, junto a unos profesionales que les apoyan haciendo todo tipo de trabajos (en este caso, jardinería). Un equipo en el que desarrollan todas sus capacidades para la plena inclusión: acompañados pero, sobre todo, inmersos en la realidad laboral (y social) de un barrio, su propio barrio. Durante dos días tenían previsto instalar el jardín vertical en el CEIP República de Chile, con la ayuda de más de una veintena de chicos y chicas  de 9 a 11 años (cuarto y quinto de primaria). Al final de mi visita aún estaban terminándolo, pero me volveré a pasar dentro de unos días para verlo y hacer más fotos del resultado.

Ficus Cumilla, plantas trepadoras, lavanda, uñas de gato, hosta, ajo silvestre (con una vistosa flor morada), hiedra y carex. Plantas resistentes, de tamaño pequeño para ajustarse a los huecos de los módulos, que van a contar con una buena orientación respecto al sol. Aunque tendrán que mantenerlas, recortándolas, por ejemplo, o ajustando el riego según las necesidades de agua (para que la tierra drene bien aunque la gravedad hace esa labor por sí sola, al ser vertical), el jardín será casi autosuficiente. Esa es la clave.

Al volver a casa pensé que estos jardines verticales, con sus módulos cuadrados y un damero de plantas alojadas en su interior, resultaban ser una inesperada metáfora de esta misma campaña, de su sencilla gráfica de cuadrados de colores… y creo que del (objetivo esencial del) movimiento asociativo. Una “red de plantas” resistentes que, aún necesitando atención o apoyo puntual, sean autosuficientes. Una red viva, en continua evolución y crecimiento.

……….

Share
No Comments

Leave a Reply